Brecha digital y exclusión en la Sociedad de la Información

 

Brecha digital y exclusión en la Sociedad de la Información

por Melisa Fuentes Kren

Una de las problemáticas que conlleva la Sociedad de Información es el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres, ya que si bien brinda nuevas oportunidades a muchos ciudadanos, agrava al mismo tiempo situaciones de pobreza y aislamiento.

Esto sucede porque el acceso universal a las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) está lejos de ser una realidad, ya sea por la falta de acceso físico a las mismas o por la falta de conocimientos necesarios para usarlas adecuadamente.

La desigualdad en el acceso a las TIC

La desigualdad en el acceso a las TIC se verifica en estadísticas como las siguientes, presentadas por Ada Myriam Felicié en “La desigualdad y exclusión en la sociedad de la información”, artículo publicado en “Acceso, revista puertorriqueña de Bibliotecología y Documentación”:

  • Más de la mitad de la población mundial nunca ha realizado una llamada telefónica.
  • Sólo un 5% de los habitantes del globo tiene acceso a Internet.
  • 90% de los internautas se encuentran en países industrializados, de los cuales un 57% corresponde a los Estados Unidos y Canadá.
  • En Argentina, las tres cuartas partes de los accesos corresponden a la ciudad y provincia de Buenos Aires.
  • Las mujeres constituyen una minoría en el uso de Internet.
  • El 70% de los sitios web están escritos en idioma inglés.

A partir de estos datos podemos cuestionarnos, entre otras cosas, la afirmación de que las sociedades latinoamericanas sean consideradas como sociedades de la información. Tal es el caso de Argentina, que al igual que otros países periféricos, no se encuentra situada en el centro del escenario donde ese proyecto se construye.

La exclusión en la Sociedad de la Información

Además de la brecha digital, otra de las problemáticas asociadas a la Sociedad de la Información es la exclusión, es decir, el proceso social de separación de un individuo o grupo respecto a las posibilidades laborales, económicas, políticas y culturales a las que otros sí tienen acceso y disfrutan.

La falta de acceso a la información conduce a una desinformación o a contar con información insuficiente, generando una incapacidad para tomar decisiones favorables al desarrollo propio. En consecuencia, el individuo carece de oportunidades y no puede responder satisfactoriamente a las exigencias de la sociedad, debilitándose su vínculo con ésta y produciéndose la exclusión, generadora a su vez de nuevas centralidades y nuevas periferias.

El compromiso de los profesionales de la información para el cambio

Ante estas perspectivas, la sociedad seguirá teniendo sus bases en la desigualdad. Sin embargo, los profesionales de la información pueden contribuir a cambiar esta situación, en una búsqueda de una sociedad más justa, determinando al servicio de qué o de quiénes colocan la información.

Al mismo tiempo, un Estado democrático debe intervenir mediante políticas que compensen las desigualdades, invirtiendo en infraestructura, brindando acceso a la información y capacitando a las personas en el uso de las TIC. Para ello debe valerse, entre otras instituciones, de la biblioteca pública. A ésta le corresponde desarrollar dos funciones clave:

  1. Convertirse en un centro de TIC.
  2. Educar a las personas en las TIC y motivarlas a utilizarlas activamente.

Con estos fines se requiere de un sólido respaldo estatal, pero también del compromiso de los profesionales de la información para minimizar los problemas de la desigualdad y exclusión, y construir así una sociedad mundial de la información incluyente, que habilite a todas las personas libremente y sin distinción de ningún tipo para crear, recibir, compartir y utilizar conocimientos que permitan promover su desarrollo económico, social, cultural y político.

Tal como manifestara Horacio Reggini en su libro “Los caminos de la palabra: las telecomunicaciones de Morse a Internet”, “frente a los nuevos instrumentos es necesario aprender a pensar críticamente acerca de sus usos; hablar de ellos en términos de valores humanos y encontrar maneras de encaminarlos sabiamente”.

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