Cadenas de valor y conformación de clusters productivos. El valor de los conocimientos científicos y tecnológicos para la promoción de las ventajas competitivas

Por Eugenia Huinchulef

En la actualidad, las actividades productivas se desenvuelven en un escenario económico mundial caracterizado por procesos de globalización y de intensificación de la competencia, avances tecnológicos, aumento de las exigencias de los consumidores y cambios en los modelos de legislación y regulación. Esta dinámica requiere de empresas y empresarios con una visión alternativa a lo conocido, que a través de una dialéctica de conocimiento y creatividad puedan dan respuestas a ese nuevo mundo que los rodea.

Los productos actuales se caracterizan por la complejidad que suponen, que se expresa por la cantidad de disciplinas distintas que confluyen en su elaboración. También se debe tener en cuenta la velocidad de reemplazo de un producto por otro nuevo, lo cual se mide a través de la tasa de cambio, en el marco de obsolescencia que incluso está programada para una duración específica.

En este contexto, la competitividad ya no puede ser pensada como un fenómeno que depende sólo de factores económicos, sino que se debe tomar conciencia de la importancia de innovar. Y de que este proceso no se puede emprender en aislamiento. En este marco, el grado de desarrollo del ambiente local adquiere un importante rol para la creación de ventajas competitivas. Esto quiere decir que los actores que las empresas deben formular estrategias para relacionarse con sus competidores, proveedores, institutos de investigación y desarrollo, universidades, -entre otros-, sin los cuales los procesos innovativos serían más lentos y de menor alcance. “El desarrollo tecnológico es un proceso complejo, en el que participan numerosos agentes e instituciones, y en el que los elementos técnicos que lo constituyen no pueden ser disociados del tejido social o empresarial en el que se desarrollan. El desarrollo tecnológico forma parte de un conjunto en el que son componentes fundamentales los sistemas de formación, la cultura de la sociedad y los sistemas de gestión empresarial”, afirma la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [1].

Moverse en un ambiente que prioriza el conocimiento como eje de transformación y en el cual se asignan inversiones para la investigación científica y tecnológica es fundamental, dado que los aportes para la resolución de problemas son dinámicos y abordados en equipos interdisciplinarios, que van generando una dinámica de trabajo cada vez más especializada en un rubro. Esto, a su vez, permite identificar nichos potenciales donde volcar estrategias que diferencien de los competidores.

La formación de la cadena de valor

Al emplear estrategias corporativas, las empresas organizan una cadena de valor con el objetivo de conseguir ventajas competitivas. Este concepto fue introducido por Michael Porter [2] para analizar las distintas actividades de la empresa (diseño, marketing, desarrollo tecnológico, gestión de los recursos humanos) con la finalidad de descubrir dónde y cómo se pueden obtener las ventajas competitivas.

La cadena de valor forma parte de una corriente mayor de actividades que se denomina sistema de valor, que incluye las cadenas de valor de los proveedores, distribuidores y el comprador final. La ventaja competitiva se alcanza cuando una empresa puede gestionar de manera eficiente este sistema que incluye: actividades primarias (creación física del producto, su venta, la transferencia hacia los consumidores y el servicio posventa); actividades de apoyo (abastecimiento, gestión de la información e infraestructura: actividades de compra de insumos, administración general, la planificación, las finanzas, la contabilidad y los asuntos legales y gubernamentales); desarrollo de los recursos humanos, capacitación y entrenamiento (normalización y búsqueda de calidad en todas las actividades de la empresa) y actividades estratégicas, entre las que se incluyen la gestión de la tecnología – administración integral de cada uno de los aspectos tecnológicos que inciden en los atributos competitivos y en la productividad de la empresa- y la gestión de la organización y gerencia general, centradas en actividades encaminadas a alcanzar un ambiente laboral eficiente [3].

Cabe destacar que el buen funcionamiento de la cadena de valor depende del correcto desempeño del entorno regional y del país en el que se localiza. En este marco, la gestión de los procesos de innovación también requiere de políticas públicas que aumenten el potencial nacional y desarrollen una cultura empresarial y académica para reforzar la competitividad de las empresas.

Se requiere de una decisión política que permita identificar áreas de trabajo susceptibles de cooperar con el sector productivo, aportando la formación de recursos humanos, los resultados de trabajos científicos para identificar nuevos problemas de conocimiento y los avances en el diseño de prototipos que mejoren la productividad. En muchas oportunidades el mundo académico se observa en un sitio alejado respecto de las empresas orientadas a los servicios y a la producción. Se deben crear estructuras para fomentar el intercambio entre instituciones orientadas a áreas de trabajo en común.

Clusters y Networking: el rol de las instituciones vinculadas con la producción de conocimientos

A nivel internacional, el desarrollo de vínculos entre empresas de distintos tipos, de organizaciones de investigación con el sector empresarial o de centros de apoyo y universidades lleva a la creación de lo que se denomina clusters y networking. Los clusters (‘agrupación’ o ‘racimo’) adquirieron renombre a partir del trabajo de Porter [4] sobre la ventaja competitiva de las naciones. Se producen cuando existe una agrupación de empresas, centros de investigación y organizaciones de apoyo vinculados con una determinada actividad (por ejemplo, alimentación, salud, turismo, diseño, etc.). En cuanto al término networking, se utiliza para referirse al fenómeno de trabajo en redes de cooperación.

Ambos términos suponen la captura de todas las formas de conocimiento compartidas e intercambiadas entre los distintos componentes de la cadena de valor. Esto se lleva a la práctica cuando se pueden identificar dinámicas propias de distritos o parques industriales, que concentran un modo de organización local basado en pymes industriales y de servicios -con fuertes articulaciones entre sí y con las instituciones y organizaciones locales- que es capaz de insertarse competitivamente en mercados internacionales. Esta dinámica centrada en la innovación local puede generarse de diversas maneras: a) por nacimiento espontáneo; 2) organizado a partir de la descentralización de una gran empresa; y 3) a partir de una combinación de las alternativas anteriores.

Se puede afirmar que la atmósfera industrial es previa a la formación del distrito y se sustenta en valores sedimentados y compartidos en una comunidad, en los que la promoción de la innovación y la gestión de la tecnología deben ser el eje a partir del cual se articule la contribución de cada actor. Es importante generar espacios de interacción donde se evalúe de qué manera las universidades y centros de investigación pueden tener una participación concreta para favorecer la búsqueda de respuestas necesarias para el fortalecimiento de una producción que debe enfrentar cada vez más desafíos en materia de competitividad.-

[1]. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Dynamising National Innovation Systems; Paris, 2002.

[2] y [4]. PORTER, Michael. La ventaja competitiva de las Naciones. Vergara Editor S.A, 1991.

[3]. MARTINEZ PAVEZ, Carlos. Carpeta de trabajo de Problemas actuales de la innovación y la competitividad. Maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad, Universidad de Quilmes. Marzo de 2002.

 

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