Aprender a fomentar la innovación como ventaja competitiva

Por Eugenia Huinchulef

¿A qué se llama innovación? ¿Qué tipos de innovación existen dependiendo del factor que las origina? ¿Qué procesos entran en juego para que la dinámica de una innovación pueda llevarse adelante de manera efectiva? La innovación es una construcción social, y hoy abordamos algunos conceptos para entender cómo se puede alcanzar.  

Tradicionalmente se ha observado al proceso de producción como el resultado de transformar materias primas utilizando energía, trabajo y productos elaborados y a la tecnología como un conocimiento estático y disponible en el momento en que se la necesitara. Es así que se planteó un modelo lineal de innovación: el cambio tecnológico visto como un proceso unidireccional, que iba desde la investigación básica hasta el surgimiento de aplicaciones prácticas, luego destinadas a la producción de nuevos bienes y servicios y a su comercialización.

En contraposición, desde fines del siglo XX y de la mano del surgimiento de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), se ha comenzado a asignar un rol clave a los procesos de aprendizaje que desarrollan los integrantes de las organizaciones y que pueden confluir en la generación de ventajas competitivas -entendidas como la diferenciación respecto de los competidores a partir de agregar valor, una mirada única y particular, a los servicios o productos-.

El origen de la innovación

Las personas y las organizaciones tienen posibilidades de innovar en la medida en que puedan generar aprendizajes tecnológicos exitosos. Para ello se requiere la adquisición de saberes técnicos que ya se encuentran incorporados en materiales, máquinas, componentes y productos finales, pero también conocimientos no explícitos, orientados a la capacidad de resolución de problemas y a la habilidad para vincular situaciones y para interactuar con otros integrantes de la organización. Estos saberes son específicos de un grupo o entidad determinado, no se pueden “adquirir” en el mercado y constituyen un punto clave en la creación de diferencias tecnológicas y ventajas competitivas. Esto significa que en cada organización deberían ser tomadas en cuenta las capacidades de los individuos que los integran y sus aportes específicos -conocimientos, rutinas, procedimientos, habilidades, know-how [1]-. Cuando una entidad llega a transformar los saberes utilizando aprendizajes formales e informales, con el objetivo de diseñar e implementar estrategias, respuestas y acciones coherentes con el nuevo escenario, se puede decir que alcanzan capacidad innovativa.

Promover la innovación

Las ventajas competitivas tienen una naturaleza dinámica. Por lo tanto, las entidades que apuntan a idear, planear e implementar desarrollos y mejoras de productos y procesos, realizar cambios organizacionales, desarrollar nuevas formas de vinculación con el mercado, integrar procesos de cooperación y vinculación con otros agentes (redes) y/o instituciones, generan más oportunidades frente a sus competidores.

Cabe destacar que una innovación es un proceso que sólo se lleva adelante cuando es aceptado por el mercado o por usuarios / consumidores, que se puede clasificar en distintas tipologías [2]:

  • Innovaciones de producto: introducción de nuevos productos o de cambios en los que ya existen.
  • Innovaciones de proceso: cambios en los modos en que se lleva adelante la producción.
  • Innovaciones tecnológicas: cambios en los procesos productivos y comerciales, que surgen tras la utilización de una tecnología como medio para introducir un cambio en la organización.
  • Innovaciones organizacionales: nuevas formas de estructuración de los procesos de organización bajo la cual se desarrolla la actividad productiva y comercial de una entidad. Es un tipo de innovación que posibilita un mayor acceso al conocimiento y un mejor aprovechamiento de los recursos materiales y financieros.
  • Innovaciones incrementales: cambios que suceden en el tiempo, por acumulación de conocimientos; se producen cuando se agrega, quita o suplanta una parte a un producto o servicio.
  • Innovaciones radicales: implican una ruptura con lo establecido. Son innovaciones que crean nuevos productos o procesos, que no pueden entenderse como una evolución de los ya existentes.
  • Innovaciones genéricas: son tecnologías de amplia difusión y vastos alcances.
  • Innovaciones específicas: conocimiento relativo a las “maneras de hacer las cosas”, muchas veces producto de la experiencia de individuos concretos.

De esta manera, los procesos de innovación implican un extenso proceso evolutivo y deben ser interpretados como resultado de una construcción social compleja que requiere de tiempo y planificación.

La gestión de las tecnologías y la innovación

Es importante prestar atención a las innovaciones de tipo organizacional, que pueden representar la implementación de técnicas avanzadas de gestión, la incorporación de estructuras organizativas nuevas o el desarrollo de orientaciones estratégicas novedosas. Asimismo, también se debe prestar atención al proceso de difusión de conocimientos que se efectúa dentro de cada organización, o sea, la manera en que adapta las tecnologías a sus necesidades y las utiliza con eficacia. El potencial innovador debe ser observado como un recurso más en una organización y, al igual que las capacidades financieras, comerciales y productivas, debe ser gestionado de manera rigurosa y eficiente.

Por gestión de la innovación se entiende el proceso orientado a planificar y dirigir los recursos disponibles -tanto humanos, como técnicos y económicos- con la misión de aumentar la difusión de conocimientos y generar ideas que permitan obtener nuevos productos, procesos o servicios, o mejorar los que ya existen. La eficacia de una gestión de la innovación tecnológica dependerá de que se proteja el patrimonio tecnológico de la empresa y se patenten las innovaciones propias, pero también de que se actualicen constantemente los conocimientos, de manera que se torne compleja la imitación.

Innovar para cosechar futuro

En la actualidad, la mayoría de las organizaciones sociales y empresas enfrentan incertidumbres en un escenario económico mundial caracterizado por los procesos de globalización y de intensificación de la competencia, avances tecnológicos, aumento de las exigencias de los consumidores y cambios en los modelos de legislación.  En este contexto, no se puede innovar en el aislamiento. Las organizaciones deben formular estrategias para relacionarse con sus competidores, proveedores, institutos de investigación y desarrollo, universidades, -entre otros-, sin los cuales los procesos innovativos serían más lentos y de menor alcance. Entender la innovación como una instancia de construcción compleja, que implica dinamizar la adquisición de conocimientos y tecnologías nuevos y adaptarlos a la idiosincrasia propia de la organización, es la llave de crecimiento que permite la permanencia en el mercado, la competitividad y la creación de prestigio. Valorar los conocimientos ya adquiridos a nivel institucional, y lograr un correcto registro y difusión de los mismos es un baluarte que debe conservarse siempre como guía para el cumplimiento de la misión de la organización.-

[1] LÓPEZ,  Andrés.  “La reciente literatura sobre la economía del cambio tecnológico y la innovación: una guía temática”, I&D. Revista de Industria y Desarrollo, Año 1, N° 3. Buenos Aires, Septiembre de 1998.

[2] YOGUEL, Gabriel y GUTMAN, Graciela. Economía de la tecnología y de la innovación. Carpeta de trabajo. Maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad, Universidad de Quilmes. Agosto de 2000. 

 

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